estiloscomunicativos

Estilos comunicativos

0Comment(s)

Cuando hablamos de estilos comunicativos, nos referimos a la manera de expresarnos cuando hablamos con otra persona, relacionada con aspectos como la empatía, el respeto, la comprensión, la validación, la imposición, la valoración de los derechos/necesidades propios y los del otro, etc.

Clásicamente, se describen 3 estilos comunicativos:

  • Estilo comunicativo agresivo. Aquí no necesariamente hablaremos de agresividad, no necesariamente tiene que ver con gritos o faltas de respeto. El término agresivo, tendría más que ver con imponer, con «ser tajante», incluso con ser invasivo, y también con tener en cuenta solo mi derecho (o necesidad, interés, deseo, etc.), pero no el de la otra persona.
  • Estilo comunicativo pasivo. Sería lo contrario al agresivo: tiene que ver con asumir, ceder, callar,… tener en cuenta el derecho (o necesidad, interés, deseo, etc.) de la otra persona pero no el mío.
  • Estilo comunicativo asertivo. Este tiene que ver con tener en cuenta mis propios derechos así como los de la otra persona. Tiene que ver con la empatía, con la co-responsabilidad afectiva, con la validación, con el proponer (vs. imponer), etc. Es un estilo comunicativo que suele tener bastante éxito en las comunicaciones interpersonales. Es una característica de un buen líder, de un buen comunicador, de un mediador, de un psicólogo, etc. Lo vemos más detenidamente en este otro post.

EJEMPLO

Es una tarde de sábado y una pareja (Susana y Lidia) han quedado para ver una una película. A Susana le está gustando la peli y está entretenida pero a Lidia no. Lidia se está aburriendo desde hace un rato y decide comunicarlo.

  • Estilo agresivo.
    – Lidia: buf… qué rollo de película, ¿no? No me está gustando nada. Además me estoy agobiando un poco de estar tanto rato en casa. Estoy pensando que me voy a ir a dar una vuelta.

Aquí Lidia ha conectado con lo que siente (aburrimiento) y lo que necesita (salir). Hasta aquí, estupendo. También lo ha expresado y lo ha comunicado: estupendo también, está siendo coherente con sus necesidades. Sin embargo, el estilo con el cual ha comunicado su necesidad, quizá tenga buena recepción por parte de Susana o quizá no. ¿Por qué? Porque no ha considerado la necesidad de Susana. Lidia se está comunicando desde el estilo agresivo, donde, como decíamos, predomina la imposición, el considerar el derecho propio pero no el del otro. Podríamos decir, incluso, el egoísmo. ¿Y si a Susana le apetece quedarse viendo la película en compañía de Lidia (que era el plan inicial)? ¿No tiene derecho?

  • Estilo pasivo. 

        – Lidia: buf… qué rollo de película, ¿no?

        – Susana: ¿por? a mí me está gustando, ¿a tí no?

        – Lidia: no mucho, la verdad.

        – Susana: bueno venga, si total, ya no le queda mucho para acabar. La terminamos y ya luego ponemos otra o hacemos otra cosa.

        – Lidia: venga vale…

Aquí Lidia ha conectado con lo que siente (aburrimiento) y posiblemente también con lo que necesita (al menos, quitar la película, hacer otra cosa, quizá poner otra película distinta o salir). Hasta aquí, estupendo. Ha empezado a comunicarlo, expresando su opinión respecto a la película, dejando entrever cómo se siente (aburrida), aunque tampoco lo dice claramente hasta que Susana le pregunta si le está gustando la película. Tampoco ha comunicado su necesidad (cambiar la película, salir, hacer otra cosa). De hecho, ha aceptado lo que Susana le pide, que es esperarse a que acabe la película. Lidia no ha sido coherente con su emoción y su necesidad, ha cedido a la necesidad de Susana.

  • Estilo asertivo.

        – Lidia: oye, ¿te está gustando la peli?

        – Susana: a mí sí, ¿por? ¿a tí no?

        – Lidia: no mucho, la verdad. Si te soy sincera, llevo un rato ya intentando darle otra oportunidad, pero nada.

       – Susana: ¡vaya! ¿entonces?

       – Lidia: pues verás, ya que a ti te está gustando la película, pero yo estoy al borde de la muerte por aburrimiento sideral y me noto que necesito salir a despejar un rato a la calle, ¿qué te parecería si te quedas tú acabando de verla y yo me voy un ratito a dar un paseo?

        – Susana (que también es coherente con sus emociones y expresa lo que necesita): pues a ver, entiendo que te aburras y que te apetezca salir, y tampoco es justo para tí que te quedes aquí agobiada por mí. Lo que pasa es que no es la película en sí lo que quiero, sino disfrutar de tu compañía, y tenía le expectativa de ver la peli juntas porque es en lo que habíamos quedado.

       – Lidia: claro, tiene todo el sentido del mundo. Entonces, ¿qué te parecería si cambiamos la película y probamos con otra? O, incluso, también te puedo proponer la opción de ir a dar un paseo juntas. ¿Te parece bien alguna de estas opciones? ¿Quieres proponer tú otra?

Fíjate que en este caso, Lidia ha puesto en marcha diferentes características de la asertividad: empatía («claro, tiene todo el sentido del mundo»), validar o considerar el derecho de la otra persona («ya que a ti te está gustando la película…»), preguntar / proponer / plantear opciones (no imponer).

Tras este ejemplo, cabría pensar que los estilos agresivo y pasivo «están mal». ¡Ojocuidao! Este ejemplo es una situación que no es muy trascendental, es algo cotidiano sin demasiada importancia. Y, por tanto, puede que nos resulte sencillo escoger la opción asertiva. O incluso ceder, justamente porque no tiene mucha importancia, y escoger la opción pasiva.  Sin embargo, cuando se trata de situaciones más críticas, donde hay otros derechos en juego, quizá tengamos que escoger la opción agresiva. A veces, cuando ponemos límites a los demás pero esos límites no son respetados, tras ello tenemos que escoger la opción del estilo agresivo.

Fíjate que todo el rato hablo de escoger. Es importante que nos familiaricemos con los tres estilos, cultivemos el asertivo, y tratemos de escogerlo la mayor parte del tiempo. No obstante, a veces tendremos que escoger el agresivo porque la situación así lo requiera, u otras veces nos resultará más rentable escoger el pasivo (por ejemplo, para no entrar en discusiones desgastantes y repetitivas o donde sabemos que no vamos a ser escuchados o comprendidos).

Ningún estilo está mal en sí mismo si se plantea como una opción a escoger según lo requiera el momento o la situación. El problema surge cuando:

a) tenemos la tendencia a ser pasivos o complacientes (ceder mucho, no considerar a menudo nuestro propio derecho o necesidad). Generalmente esto ocurre por inseguridades, miedos, heridas emocionales… lo cual habrá que trabajar.

b) tenemos la tendencia a comunicarnos principalmente desde el estilo agresivo (quizá haya que trabajar cuestiones como comunicación, empatía, responsabilidad afectiva, heridas emocionales, mecanismos de defensa, etc.). Tender a este estilo, generalmente nos llevará a tener conflictos interpersonales.

También es común el conocido estilo «pasivo-agresivo». Esto puede ser entendido como expresar lo que queremos (o sentimos, o lo que nos ha parecido mal, etc.) de forma como «suave» pero a la vez «lanzando la pullita». Como seguramente ya sepas, esto no suele funcionar, sino que suele desembocar en discusiones. También podemos entender el estilo pasivo-agresivo como la tendencia a mantener el estilo pasivo hasta que en algún momento explotas y saltas al agresivo. Sería como vivir a menudo en un extremo y, cuando no puedo más, salto al otro extremo. Pero, como suelo decir: la clave para que las cosas funcionen suele estar en el equilibrio, no en los extremos.

Te invito entonces a cultivar un poco la asertividad.

María Rodríguez Avatar Psicóloga
María Rodriguez

Te ayudo a empoderarte contigo misma y con el mundo, ¿quieres conocerme mejor?

Comparte este artículo en:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email
estiloscomunicativos

Estilos comunicativos

0Comment(s)
Últimos post
Ir a WhatsApp
Hola 👋
¿En qué puedo ayudarte?