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Dependencia, independencia y autonomía emocional

  • Dependencia emocional

Se refiere a que, de alguna manera, nuestro bienestar emocional se ve influido por la o las otras personas con quienes mantenemos vínculos afectivos. Hay que aclarar que depender es algo natural: los humanos somos seres sociales, está en nuestra naturaleza establecer vínculos y esto quiere decir que vamos a necesitar de los demás. De hecho, ya desde el nacimiento somos dependientes: el bebé necesita una figura de apego (generalmente la madre) para garantizar no sólo su supervivencia, sino también su correcto desarrollo emocional y cognitivo. Vamos creciendo y seguimos siendo dependientes. Llegamos a la etapa adulta, y quizá ya no necesitamos a nuestros padres para sobrevivir, pero sí que para alcanzar el verdadero bienestar emocional necesitamos a otras personas cerca, necesitamos vínculos. Estamos preparados para depender y ser felices en los vínculos (no aislados o solos). Por tanto, no es realista tratar de no depender de nadie.

  • Independencia emocional

Se referiría a renunciar a la vinculación con otras personas, formando solo vínculos superficiales o poco duraderos en el tiempo. Cuando vivimos en la independencia, generalmente suele ser porque hemos sufrido en el pasado experiencias duras relacionadas con las relaciones interpersonales, consciente o inconscientemente (de verdad que no nos damos cuenta muchas veces del daño que nos llega a causar algo/alguien).

Tras esto, hemos incorporado la creencia de que las relaciones humanas son dolorosas y nos sentimos más seguros si no nos vinculamos o comprometemos con nadie (en otras palabras: «estar con alguien o depender es sufrir, y para sufrir con/por alguien, mejor estoy solo»). Por ejemplo, esto puede ocurrir si de pequeños nuestros padres no veían y atendían nuestras necesidades (y aprendemos a no necesitarlos para no sufrir), o cuando nuestras figuras de referencia han ejercido violencia.

En la independencia (en la soledad) nos sentimos más seguros porque no nos pueden decepcionar o hacer daño. Pero cuidado, porque vivir en independencia puede «funcionar» un tiempo, pero seguramente nos acabe llevando a la soledad y al vacío emocional.

  • Autonomía

Entonces, llegamos a este planteamiento: no podemos evitar depender porque está en nuestra naturaleza (con lo peligroso que nos puede sonar depender de alguien o «que mi bienestar dependa de cómo está mi relación con otra persona», ¿verdad?), pero la independencia tampoco funciona a la larga porque nos lleva a acabar sintiendo soledad/incomprensión/desconexión.

¿Cuál es la respuesta? La respuesta es la autonomía. La autonomía significa practicar la dependencia peeeero de vínculos sanos (vínculos seguros) y, a la misma vez, también disponer de variedad de herramientas de auto-regulación emocional. En terapia, tratamos de aportarle a la persona que acude esas herramientas, y trabajamos en la manera de vincularse (el estilo de apego) para que pueda acceder, mantener y disfrutar de relaciones interpersonales seguras y saludables (y que sean varias, no solo una).

En resumen, el problema no es depender, sino de quién dependes y de cuántas personas dependes, así como tu estilo de apego y el estilo de apego de las personas de las que dependes.

María Rodríguez Avatar Psicóloga
María Rodriguez

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